Catequesis Virtual

¿Qué es una Parroquia? ¿Cuál es su importancia? ¿En que consiste su misión?

Les respondo afirmando que la venerable institución parroquial es una realidad fundamental en la vida pastoral de la Iglesia tal como se puede constatar a lo largo de casi toda su historia.

En el pensamiento del querido y recordado Papa Juan Pablo II, el término parroquia significa la presencia de Cristo entre los hombres. Dice relación a ese conjunto de personas que forman una comunidad, a través de la cual el mismo Señor confirma su presencia en medio de un área determinada, ya sea rural o urbana, en la montaña o en las cercanías del mar, en el África, Asia, Europa, América u Oceanía. En su pensamiento la parroquia es una parte viva del Pueblo de Dios presente en algún confín del mundo.

Podríamos decir con él que la parroquia es la misma Iglesia de Cristo que está plantada y vive en medio de las casas de los hombres. Es una comunidad de creyentes donde se aprende a vivir con esperanza y donde el valor supremo es la caridad.

De esta manera toda parroquia se debe transformar paulatinamente y ese es mi deseo mas profundo como párroco de esta comunidad, en un núcleo aun más atrayente desde el cual la fe y la comunión se comparta, entre los que participan de una casa común.

De esta manera con el paso del tiempo se transformara cada vez mas en un lugar donde cada cristiano se sienta hermano de su hermano en la fe, compartiendo un mismo camino hacia la patria común del cielo. Esta misma casa  lo digo como pastor debe ser amada, respetada y honrada, porque en ella Dios está realmente presente, habla a las personas, perdona los pecados, acepta el sacrificio de la Eucaristía, une a los fieles en un fuerte anhelo de solidaridad. En realidad nosotros formamos una parroquia ante todo gracias al hecho de que Cristo está aquí: en medio de nosotros, con nosotros y en nosotros.

Juan Pablo II llamaba a la parroquia con una hermosa y significativa expresión: Familia de Dios, es decir una fraternidad animada por el Espíritu Santo, que como verdadera casa familiar debe ser fraterna y acogedora. En su pensamiento la Parroquia no se funda sobre razones humanas, sino en una realidad teológica, porque ella es una comunidad eucarística. Esto significa que es el lugar más apto para celebrar la Eucaristía, verdadero fundamento de toda su edificación y servicio pastoral, como también del vínculo sacramental que le hace estar en permanente comunión con toda la Iglesia.

Hermanos en Cristo, si ustedes me preguntaran: ¿Cuáles son mis planes y proyectos pastorales para esta comunidad parroquial? Quiero decirles que no tengo otro plan que cumplir la voluntad de Dios expresada en aquello que la Iglesia ha enseñado durante siglos sobre la institución parroquial iluminada y evidentemente actualizada por las grandes líneas que el Santo Padre, nuestro arzobispo y sus colaboradores mas cercanos deseen para ella. A lo anterior se sumara, lo que el Espíritu Santo suscite en la reflexión pastoral que realizare como pastor propio de esta comunidad, considerando verdaderamente la participación del consejo pastoral parroquial de la misma. Desde ahí realizaremos juntos nuestro trabajo pastoral para el bien de toda la parroquia en sus áreas y servicios.

Pueden iluminarnos en este sentido las palabras del Papa Benedicto XVI con respecto a la misión de la parroquia. Él nos recuerda que en el libro de los Hechos de los Apóstoles, el evangelista san Lucas indica los criterios esenciales para una adecuada comprensión de la naturaleza de la comunidad cristiana y por lo tanto también de toda parroquia. El describe la primera comunidad de Jerusalén como aquella que perseveraba en la escucha de la enseñanza de los Apóstoles, en la unión fraterna, «en la fracción del pan y en la oración», una comunidad acogedora y solidaria hasta el punto de que todo lo ponían en común. La parroquia san Francisco de Sales puede crecer aún más en este anhelo del Santo Padre de buscar desarrollar el entendimiento y la fraternidad si oramos incesantemente, si permanecemos a la escucha de la palabra de Dios y sobre todo si participamos con fe en la celebración de la Eucaristía.

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